De acuerdo con los artículos de prensa y comentarios que encontramos en Internet, la Val d’Aran cuenta con un alto nivel de sofisticación y de calidad en lo que a gastronomía se refiere. Las visitas de la familia real española durante la temporada de esquí (de diciembre a marzo) y la afluencia de las clases media y alta del país (en verano e invierno) han incentivado no solo una verdadera variedad de lugares, sino también un nivel de precios que en muchos casos compiten con Barcelona.

Por su ubicación, frente a la iglesia de Sant Miquel de Vielha y a las puertas del casco antiguo, nuestra primera escala técnica fue el Bar Taberna Urtau, en la Plaza de la Iglesia. Abierto desde 2009, es el tercero por antigüedad de una cadena de tres locales ubicados uno en Artíes, con más de cuarenta y cinco años de historia, y otro en Bossost, inaugurado en 2001. Se especializa en pinchos y platos tipo ración o tablas de productos típicos para compartir. Se podría decir que son los más nombrados en Internet y de los más conocidos en el valle.

Entramos al Urtau por la Plaza de la Iglesia a través de una agradable terraza. Nuestra cena consistió en un aperitivo de anchoas de Palamós a 8,60 euros, una ración de huevos con foie a 7,60 euros y una tabla de quesos a 7,90 euros, todo para compartir. Por consejo del camarero, lo acompañamos con tres raciones de pan con tomate a 1,80 euros cada una, realmente una delicia. La calidad de la materia prima era indudable, pero con una presentación que podríamos catalogar como poco más que normal.

Elegimos un tinto DO Ribera del Duero de Emilio Moro Finca Resalso de 2011, a 13,20 euros, entre más de treinta referencias, entre blancos, tintos y cavas disponibles. Excelente. Fue una sorpresa comprobar la temperatura del vino. La idea de que el tinto hay que tomarlo “del tiempo” está lamentablemente muy extendida. Los cuarenta grados de Sevilla no tienen nada que ver con los dieciocho de la Val d’Aran, ni mucho menos con las temperaturas de los vinos ubicados a pocos metros de los fogones. En el Urtau recibimos la botella a unos dieciséis grados y copas que facilitaban la oxigenación y el aroma.

Todo iba viento en popa hasta que llegamos al postre. Nos animamos a probar la tarta Tatin, a 5,15 euros la ración. Las manzanas, que debían estar caramelizadas, se presentaron quemadas; la mantequilla de la base, seguramente recalentada varias veces, nos recordó al olor de su animal productor. No la tocamos. Al oír nuestra opinión, el camarero cogió amablemente el plato y lo retiró. A los pocos minutos volvió con la determinación de una persona que lleva la verdad en sus labios y nos comunicó que no la cobrarían, pero que desde la cocina aseguraban y garantizaban que la tarta estaba perfecta… Estoy seguro de que la receta original de las hermanas Stéphanie y Caroline Tatin, creadoras de la Tarte Tatin, nunca fue consultada en el Urtau. Acabamos los cafés y, después de pagar los 48,85 euros de cuenta, nos dirigimos a la calle Mayor con la esperanza de recuperar algo del sabor perdido.

Después de unos minutos y con el ansia de encontrar lo que los ingleses llaman “the second best”, entramos al Bar Xatú, en la calle Mayor número 12. De nueva creación y administrado por un inglés, ofrece una carta a base de pinchos, tapas, tablas y un breve repertorio de platos asiáticos, estos últimos seguramente provenientes de la nostalgia de una juventud en Inglaterra ahora lejana.

Nos animamos a tomar un par de cervezas de barril y dos pinchos por persona. La elaboración era sencilla, con generosidad y con materia prima de muy buena calidad. Contamos diez tipos de pinchos a escoger, aunque, seguramente por la hora, eran los que quedaban para cerrar la noche. Ensaladas a 8,5 euros, y tablas de quesos a 16 euros en un bar con servicio de barra puede parecer un poco alto, pero, como dijimos al inicio, estamos en la Val d’Aran y los precios se parecen más a Francia que a España. Me gustó el lugar. Sin pretensiones, sencillo, pero aún con la ilusión de esperar gustar al turista de la temporada de invierno y de agradar al cliente local. La intención de incluir en la carta platos asiáticos o nuggets de pollo es una muestra de las ganas de diferenciarse del resto.

No había espacio ni tiempo para más. Acabamos la noche con la sensación de que había mucho más por conocer, y no hablo del resto de bares de Vielha, sino de los que visitamos. No se puede dar una opinión general de un lugar habiendo probado solo el cinco por ciento de la carta. Seguramente volveremos y, si cualquiera de vosotros pasa por Vielha, valdría la pena recalar en el Bar Taberna Urtau por sus cuarenta y cinco años de historia o en el Bar Xatú por la vitalidad que desprende su oferta.